
Cerca de la mitad de la población argentina vive en pobreza
La mayoría de los prosumidores se metían en los clubes de trueque cuando habían perdido su trabajo. Desempleo y falta de dinero son parte de la vida cotidiana de millones de argentinos.
Ya desde el 1998 la Argentina sufre una crisis económica que en el 2002 llegó a su extremo y obligó a la mitad de la población argentina a vivir en pobreza.Casi un tercio de la población eran indigentes, es decir, no tenían ingresos suficientes para cubrir sus necesidades alimentarias básicas. Las causas del desastre económico son varias.
La política económica de los años 90 consistió en una apertura radical hacia afuera combinada con una ola de privatizaciones y el establecimiento de la convertibilidad en 1991 que ató el peso al dolar con un tipo de cambio fijo de 1:1. A pesar de ciertos éxitos de este modelo, ya pronto se hicieron notar los efectos desastrosos de esa política económica que llevaron al país a la recesión a partir del 98. La convertibilidad resultó en la sobrevaluación del peso que no sólo propició importaciones irracionalmente, sino que también opuso una formidable traba a las exportaciones nativas.En combinación con una fuerte deregulación de los mercados y la privatización de todas las empresas estatales se produjo un fuerte proceso de desindustrialización a lo largo de la década. La industria argentina perdió grandes porciones del mercado interior por la competencia de los productos extranjeros más baratos. Al mismo tiempo las exportaciones perdieron en competitividad por sus altos precios. Muchas pequeñas y medianas empresas tuvieron que cerrar por eso y también por la radicación de grandes empresas multinacionales en el país. La transformación fue tan veloz como intensa. Pocas estructuras fabriles en el mundo sufrieron un cambio tan audaz de las reglas de juego en un plazo tan breve. Como consecuencia la tasa de desempleo creció de 6,5% en el 1991 a 12,9% en el año 1998. Con el desempleo deterioraron varios indicadores sociales. El proceso de desindustrialización fue acompañado por el creciente subempleo y la informalidad de los puestos de trabajo. Los trabajos “basura” de autosubsistencia registraron un salto, trabajos que se caracterizan en todos los casos por la baja productividad y por la alta precariedad de las condiciones laborales. Muchos buscaron una salida en formas de autoempleo, abrieron quioscos, despensas, gomerías o microemprendimientos que produjeron ropa, alimentos o artesanías. Con respecto a los salarios se produjo una caída en el mercado formal que a partir de 1998 se agudizó. Al mismo tiempo se estima que la diferencia de salarios entre el sector formal e informal es del orden del 40%. La perdida de ingresos de los hogares llevó a una fuerte polarización social y al empobrecimiento de grandes partes de la población. Cuando en 1993 el 17,8% de los argentinos vivía en pobreza, en octubre del 2001 ya era un 35,4%, es decir un tercio de la población. Sobre todo la clase media que historicamente fueron un sector muy fuerte en la sociedad argentina respecto al contexto latinoamericano sufrió una seria reducción del poder adquisitivo formando la llamada “nueva pobreza”. Estos nuevos pobres normalmente podían todavía satisfacer sus necesidades básicas de alimentos y indumentaria pero ya tenían problemas en pagar las cuentas de agua, luz y telefono con sus ingresos reducidos. Muchos tenían que vender sus casas o autos y se quedaron sin la posibilidad de salir con sus amigos a los lugares de antes como bares o discotecas. La situación precaria de las finanzas públicas culminó a finales del 2001 en la declaración de la cesación de pagos sobre la enorme deuda de 144 billiones de dolares. La anticipación del default produjo una corrida bancaria en noviembre del 2001 que fue contestada por parte del gobierno con el famoso “corralito”. Como consecuencia surgieron fuertes disturbios sociales en todo el país que obligaron al presidente de la Rua y a su gabinete a renunciar.
El corralito y la salida de la convertibilidad marcaron el ambiente económico y social del año 2002. El corralito impactó tanto a la economía formal como a la informal. Mientras la primera sufrió la interrupción de las cadenas de pago, lo que daño el comercio y la producción, el corralito secó la plaza de liquidez para la economía informal generando problemas gravísimas en los niveles más pobres de la población, pues en este sector todas las transacciones se hacen en efectivo.A su vez, la clase media veía sus ahorros amenazados o ya perdidos por la reprogramación de los ahorros en dolares.
La salida abrupta de la convertibilidad tuvo graves impactos sobre la economía. La inflación aumentó enormemente y acumuló 41% en 2002. Los precios de la canasta de productos básicos en Argentina se dispararon un 73% en promedio durante ese mismo año por el efecto de la devaluación del peso.Al mismo tiempo los salarios seguían acortandose y el desempleo alcanzó con un 21,5% en mayo un récord histórico. Más que la mitad de la población trabajaba en el sector informal bajo circunstancias precarias.Como consecuencia de todos esos procesos se produjo un fuerte derrumbe del consumo privado. La gente empezó a comprar sólo lo más necesario. También productos como cerveza, yogur o galletitas que antes eran parte de la vida cotidiana se consumieron mucho menos. Por la perdida del poder adquisitivo el número de personas que vivía por debajo de la linea de pobreza alcanzó el 57,5% del total de la población argentina. En las provincias del norte del país la situación es mucho más grave con un porcentaje aproximadamente del 70%. Con un 24,7% el porcentaje de los indigentes alcanzó extremos hasta entonces desconocidos. La clase media desapareció casi por completo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario